"Contar una historia es un acto que revela nuestra pequeñez, porque en él confesamos que necesitamos a otro, que estará ahí o no. [...] La historia que iré recogiendo aquí no es más que una manera de reclarmar, hermanos, vuestra atención hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complacería que os fascinara, para qué ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintáis que tiene algo que ver con vuestra propia aventura." [1]

jueves, 4 de junio de 2009

La confianza

En ocasiones, las críticas más ásperas contra la sociedad actual se centran en la pérdida de valores que ésta sufre. Una de las imágenes que se nos vende es esa sociedad oscura, superficial e individual. Sinceramente, no creo que esta imagen sea tan equivocada y el que se diga lo contrario, no tiene más que ver (que no mirar) a su alrededor. Lo que más me molesta de esta imagen es que sea utilizada única y exclusivamente como crítica. Nos centramos en censurarla, en mostrar lo mala que es, en lugar de mirar (que no ver) lo que realmente no funciona.
En mi opinión, vivimos en una sociedad en la que hemos perdido la capacidad de confiar. No es que no queramos confiar, no es que sea nuestra elección; simplemente creo que no estamos dispuestos a recibir el revés de otra confianza traicionada. Mirando un poco a nuestro alrededor podemos ver que lo que en otro tiempo fueron pilares de nuestra sociedad, hoy en día no son más que pequeñas columnas que amenazan con ceder al peso que soportan. Ante esta imagen, hemos preferido salir y esperar fuera, allí donde no hay nada, pero al menos no hay nada que nos traicione.
Empecemos por el sistema económico. El capitalismo nos ha permitido llegar a un bienestar que estábamos pidiendo a gritos, pero una vez que lo hemos tenido, nos hemos dado cuenta que estaba vacío. Si a eso sumamos la crisis, es decir, la prueba real de que un sistema tal como el que habíamos diseñado es difícil que se sostenga con las bases actuales, entiendo a la gente que guarde el dinero en sus casas debajo de la almohada. Por su parte el comunismo, que todavía hoy en día suscita alabanzas, ha demostrado que es muy difícil de llevarlo a la realidad de una manera satisfactoria. Los ejemplos que me vienen a la cabeza son China y Cuba; y casualidad, ninguno de los dos son ejemplos que inspiren confianza. Curiosamente, no parece existir otra alternativa reconocida que nos saque de estos dos sistemas. Tal vez consigamos salir de la crisis, pero no parece que haya una dirección hacia la cual se tomen las medidas que no sea la propia salida de esta crisis. Si el capitalismo ha fallado, ¿no existe ningún otro sistema económico que nos pueda volver a “emocionar”? Aunque exista, creo que poner en marcha una masa tan grande como la actual, decepcionada en su mayor parte, no va a ser tarea fácil.
Analicemos un poco el ámbito religioso. A primera vista, al menos en la sociedad occidental, las diferentes religiones pierden adeptos y parece un denominador común la conversión al laicismo de los países. ¿Hemos dejado de creer, o simplemente no queremos sentirnos engañados? Oír hablar al Papa sobre el problema del Sida, o sobre los valores tradicionales de la familia; leer la historia de los kamikazes que se inmolan en nombre de su Dios; todo esto no son más que razones que nos hacen pensar que las religiones están al servicio de unos pocos, que son inmensas empresas que manejan a su antojo a un numero enorme de personas. Una vez más, no somos capaces de confiar en ellas, pero la pregunta es: ¿es nuestra culpa? ¿Hemos decidió no creer? ¿O han sido las decepciones, una tras otra, las que han minado esta confianza y han conducido a un recelo general a toda forma de religión? Inversamente, la ciencia ha conocido un gran auge, incluso muchos intentan colocar a la ciencia sustituyendo a la religión. Al margen de considerarlo como un error, creo que uno de los motivos que nos llevan a esto son relativamente simples: la ciencia reconoce sus errores. No hay nada indiscutible, nada que sea de verdad para siempre. De alguna manera, esto nos permite confiar en ella. Sabemos que no nos miente, porque en el momento que se dé cuenta que nos miente, es ella la que nos lo va a decir.
Y por último, me gustaría citar la pérdida de confianza en los que están al lado, esas personas que nos rodean en el día a día. No sé como era antes, ni siquiera estoy seguro de saber cómo es ahora, pero sí que noto cierta superficialidad en las relaciones de la vida diaria. En mi opinión, hablamos muy poco de las cosas que nos interesan mucho. El hecho de no creer en Dios o en Buda, no significa que no nos hagamos las mismas preguntas que hace unos años. El que nos muestren en las películas ese amor romántico perfecto, no quiere decir que exista, pero tampoco quiere decir que no nos inquietemos por preguntas en torno al amor. Sin embargo, experimento en mi entorno el agradecimiento cuando se hablan de estos temas. Mucha gente ha dicho: “Pues después de todo, que bien sienta hablar” o “Necesitaba sacar esto que llevaba dentro”. La paradoja es que, a pesar de que estas cuestiones nos preocupan a todos, hemos perdido la confianza en el resto para compartirlas.
Supongo que se podrían analizar muchos más ámbitos en los que constatar esta falta de confianza, pero creo que la idea en general ha quedado clara. Después de tantas decepciones, hemos perdido la capacidad de confiar. Hemos preferido no responder a ciertas preguntas, antes que creer en respuestas que luego se demuestran que no son ciertas. No queremos arriesgarnos. Una nueva decepción sería demasiado difícil de digerir.
Por todo ello estoy convencido que la sociedad no ataca. No es ella la que ha decidido no creer en nada. La sociedad (entendida como la gente que la compone) se está defendiendo. Y en este contexto, yo me pregunto: ¿Aun a sabiendas de que posee la verdad absoluta, tiene alguien derecho a pedirnos (o en última instancia exigirnos) que confiemos en él?

1 comentario:

  1. Un apunte respecto al tema económico, Cuba no puede considerarse un ejemplo fallido del Comunismo, es más, diría que lo ha hecho bastante bien . Salir adelante en contra de la voluntad de la mayor potencia mundial me parece que no está nada mal.

    Tambien me gustaría decir que si, se ha demostrado que el sistema estadounidense no funciona por si solo. De todas maneras no debemos confundir el sistema de los EEUU con el modelo europeo, no tan abierto y bastante más intervencionista, ya que aqui las cosas se controlan más. Lo que ha fallado es que los "jefes del mundo" han optado por el capitalismo más extremo posible.

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