"Contar una historia es un acto que revela nuestra pequeñez, porque en él confesamos que necesitamos a otro, que estará ahí o no. [...] La historia que iré recogiendo aquí no es más que una manera de reclarmar, hermanos, vuestra atención hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complacería que os fascinara, para qué ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintáis que tiene algo que ver con vuestra propia aventura." [1]

jueves, 29 de septiembre de 2011

Mauritania, el país de Nunca Jamás?


Si alguien pensaba que mi primera aventura laboral "seria" (como ingeniero titulado y trabajando "de lo mio") podía hacer que crecieran años en mi, que la responsabilidad pudiera añadirme algo de seriedad... desde luego es que no había tenido en cuenta que esa primera aventura sería en Mauritania... el país de Nunca Jamás africano. Y es que, a pesar de lo que muchos podíamos creer, este viaje está siendo en algunos aspectos, una vuelta a la niñez, a la infancia ingenua e inocente.

Todo empieza a eso de las siete de la tarde, cuando volvemos de la oficina después de un día de "mayores". Según aparcamos el coche, en la puerta esperan cinco pequeñas bestias con una sonrisa maliciosa (los cinco hijos de Touré). Ni siquiera entro por la puerta y ya se ponen en medio para no dejarme pasar y que juegue con ellos. Empieza entonces el ritual anti-mosquitos. Con una sudada de escándalo, ponte el pantalón largo, ponte la camiseta larga y en lo poco que se ve, date loción extra-fuerte anti mosquitos. Todo esto por supuesto bajo la atenta mirada de los peques; bueno, ya me gustaría que fuera mirada... todo esto bajo la amenaza de los peques (uno que coge la loción anti mosquitos y se la echo directamente a la cara, otro que se te pega al pie...).

Una vez pasado el ritual comienza el recreo... me imagino lo que deben sentir los pequeñajos de meses o pocos años (cuando todavía no hablan aunque articulan sonidos)... conversaciones infinitas, monólogos incomprensibles, preguntas sin respuesta (y eso que intentan que les conteste e!)... yo soy uno más... tampoco puedo hablar, y aunque intente explicarme, no servirá de mucho! Los juegos son los de toda la vida: toma y daca, corre que te pillo, me subo encima y me tiro... toda una vuelta al jardín de infancia!

Eso sí... he conseguido algunos momentos de paz... sentarme en un silla mirando la oscura noche, coger a uno de los niños sobre mis piernas (casi nunca es uno... casi siempre dos y el tercero que lo intenta) y dejarles que me toquen todo pelo que sale de mi cuerpo. El pelo "largo, fino y liso" que sale de mi cabeza les llama la atención, mi barba les llama la atención e incluso los pelos de los dedos del pie les hacen gracia! Pasan algunos minutos en silencio, sólo palpando y de vez en cuando sueltan un carcajada... están tocando un extraterrestre!!!

Con la llamada a cenar llega un momento de respiro, aunque no por ello me hago más mayor. Mi torpeza a la hora de comer (ya sea con la mano o con la cuchara) hace que muchas veces la madre me parta la carne (más que partir es desgarrar por que lo hace con una sola mano)  y me la ponga en mi zona de la bandeja para que pueda comer... exactamente igual que un ave a sus poyuelos! Y yo encantado, es el bocado más rico y sabroso!

Después de cenar, el té. El ritual del té. Siempre se sirven tres vasitos de té (de chupito, para que nos entendamos). Todo ello en un espacio de una media hora... para ellos tomar dos vasos, es como no tomar té. Creo que este es el único momento en que me convierto en mayor, ya que a mi me dan té y a los peques no! ja (que se chinchen!).

Pero la hora de ir a la cama me devuelve a mi condición. Lo que hasta hace unos minutos era el salón en la calle (la alfombra y el colchón) entran ahora en mi habitación y se convierten en mi morada. Pongo la sábana bajera, la almohada... y empieza el juego: a poner la mosquitera! Para que os hagáis una idea, es una especie de caja de tela que se sujeta a la pared por cuatro puntos, lo que deja en medio un espacio libre de peligros. Aunque pueda parecer sencillo atar las cuatro puntas, no lo es tanto y siempre requiere de ajustes (al final acabo atando y desatando todas las puntas por lo menos dos veces!). Pero una vez creada la caja blindada llega la mejor parte! Quién no ha jugado nunca a hacer un castillo inexpugnable con cojines y demás elementos que tuviéramos a mano? Pues yo lo hago cada noche! Con sumo cuidado meto cada lado de la mosquitera debajo del colchón, y lo hago de manera meticulosa... imaginándome la amenaza de los mosquitos dispuestos a atacarme sin ninguna piedad (como los malvados virus de la mítica serie "La vida es así"). Y a dormir! Aunque me encantaría decir lo contrario, no duermo como un bebé (me despierto a menudo de sueños muy profundos) pero eso sí... sigo con la tradición de madrugar (como cuando era bien pequeñito!)! A las seis y media de la mañana, suelo aprovechar para empezar el día desde dentro de la mosquitera, ya sea escribiendo algo o acabando alguna tarea del día anterior!

En fin como veis, toda una aventura cada noche! Y para rematar la jugada, cuando voy a la ducha por la mañana me miro en el espejo la barba de tres semanas que me he dejado y me siento orgulloso del segundo pelo que me ha salido en el bigote (ya eres todo un hombre!)

Un abrazo a todos,

Hasta pronto!


4 comentarios:

  1. Me alegro de que la estés gozando. Buen compañero de juegos se han buscado los chavales. Cuidate mucho. Un abrazo.

    jxn

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  2. ge, ge, ge, genial!!!! gran sobremesa la mía!!! muxus

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  3. gozar es un placer, incluso sin idioma, o solo con gestos. Los humanos hacemos muchas cosas iguales, solo nos deferencia el lugar, y el exterior. Lo que relatas es gustoso leerlo, das cierta envidia (lo del trabajo que supone no preguntamos). Creo que ocurre por tu disponibilidad, y lo que relatas confirmas una idea que tengo hace tiempo: para otro humano somos el mejor juguete, el mejor compañero de viaje,

    Sigue gastando un poco de tiempo en compartir relatos con nosotros, los preferimos a ver la TV, leer el periódico, escuchar la radio, leer un libro...

    Un beso con abrazo

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  4. he seguido tus peripecias con interés y admiración, primo. creo q ya vuelves pronto, así q sigue disfrutando lo q t queda!
    yo ya he vuelto de cph
    un abrazo fuerte,
    b

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