Estos ultimos dias no podian ser mas intensos por estas tierras. Demasiadas despedidas, muchas de ellas evitadas con un hasta luego, a pesar de saber que será dificil encontrar el momento de volver a verse. A veces me gusta más así.
Mi habitacion está vacia. Hace tiempo que sali de ella. No fisicamente, pues sigo escribiendo desde ella y duermo en ella cada noche. Pero en las pareces ya no queda nada, y los armarios, vacios, te recuerdan que te vas. Ya no reconozco en mi habitacion aquel lugar donde he pasado tantos buenos momentos, donde me refugiaba cuando necesitaba estar solo. Ahora no son mas que cuatro paredes blancas, con una cama y un armario que recuerda al de alguien que esta de paso.
Que cierto es eso de que cuando empiezas a despedirte, ya te has ido. Es momento de estar entre dos mundos, una etapa que se cierra y la otra que tiene que empezar. Me recuerda un poco a un diseñador de moda. Cuantos meses invertidos en crear una coleccion, cuantos quebraderos de cabeza para sacarla adelante. Y luego, una vez las luces de la pasarela se apagan, te sientes vacio y toca volver a empezar, de cero. Cierto es que nunca es de cero, pero creo que a veces, lo que más pereza da de acabar un etapa es empezar una nueva... sobre todo cuando aquella que cierras ha sido tan satisfactoria.
Pero toca lidiar con ello. Ultima cena con este grupo de gente, ultimo paseo por estas calles... cuanto han cambiado las cosas en pocos años. Me acuerdo cuando de pequeño iba de campamentos y contaba las ultimas cosas que hacia con gran entusiasmo. A pesar de que quedaran diez dias, tal vez era la ultima vez que un martes a las cinco de la tarde jugara al futbolin... y aquello me ponia contento. Este año prefiero huir de estos detalles.
Temo el momento de arrancar el coche, temo el momento de la verdad. No habra nadie para despedirme, pues salgo muy pronto por la mañana, pero ese momento, conmigo mismo, sera el Ultimo, el de verdad. Con el coche lleno hasta los topes, mirar atrás sera algo que intentare hacer solo para evitar un accidente en la carretera.
A veces no puedo evitar racionalizar y relativizar todo esto, y entonces me considero un monstruo. La experiencia dice que de todas la personas que he conocido aqui, solo volveré a ver a unas pocas y que al resto, raramente les echaré de menos. Es posible que, en el frenesí del dia a dia en mondragon, ni eche de menos toulouse, ni me acuerde de ello. En ese caso, de que sirve todo esto? Para que despedirse con pena si no nos volveremos a ver, ni haremos el esfuerzo para ello? Es un poco la lucha entre lo que sientes y la realidad. Me viene a la cabeza toda la gente que he conocido a lo largo de mi corta vida, a cuantas de ellas les prometi que nos volveriamos a ver, y a dia de hoy ni me acuerdo como se llaman. Tal vez sea parte del ritual de la despedida. En ese momento de pena, necesitamos una via de escape llamada esperanza.
Y eso es lo que me pasa ahora por la cabeza... de aqui a unos años releere estas lineas y seguramente me ria. Ojala me equivoque en mi ultimo parrafo.
Un saludo
martes, 30 de junio de 2009
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