"Contar una historia es un acto que revela nuestra pequeñez, porque en él confesamos que necesitamos a otro, que estará ahí o no. [...] La historia que iré recogiendo aquí no es más que una manera de reclarmar, hermanos, vuestra atención hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complacería que os fascinara, para qué ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintáis que tiene algo que ver con vuestra propia aventura." [1]

miércoles, 20 de julio de 2011

Participación y rigor

El 15-M está siendo sin duda un ejemplo de cómo llegar a acuerdos empleando la participación y la horizontalidad como premisa. Prueba de ello es la aprobación en asamblea de un consenso de mínimos, tan delicado en algunos puntos. Efectivamente vamos lento, pero es que vamos lejos.

Sin embargo, en un par de ocasiones he sentido ya una sobre-participación. En ese afan por permitir y promover la máxima participación, el que ha salido perdiendo ha sido el rigor. Creo que no debemos confundir en ningún momento participación con falta de rigor. No debemos perder el norte y hay saber en todo momento por qué estamos reunidos. Si estamos hablando sobre la energía nuclear y la conversación deriva y se centra durante media hora en la migración de las aves, creo que algo estamos haciendo mal. Seguramente las aportaciones habrán sido muy interesantes durante esa media hora, pero habría que valorar el efecto sobre el tema principal.

Lodelicado es que el rigor no es espontáneo, el rigor hay que promoverlo activamente. Y ese papel está siendo muy castigado en el 15M, al identificarlo con un lider o cabecilla que nos dice lo que tenemos que hacer. Los que participamos en el movimiento tenemos que entender y asumir que hay gente que está trabajando muy duro en algunos aspectos, y que ese trabajo le permite en ciertos momentos tener una visión más global que le permita guiar (que no manipular) la participación hacia los objetivos que se habían establecido.

El ejemplo más claro me parece la asamblea en la que se debatió la primera versión del consenso de mínimos (en la segunda no estuve). La participación estaba más que garantizada, pero no faltó el rigor. Hubo una persona que marcó los tiempos y recordó en todo momento que se debía avanzar, que no podíamos eternizarnos en un punto. Creo que esa fue la clave para que al final de la sesión se puedieran recoger propuestas de mejora en todos y cada uno de los puntos del consenso.

Creo que este modelo debería extenderse a todas las actividades (talleres, reuniones de comisiones, asambleas...). Que haya una persona o grupo de personas (siempre rotatorio!), que se preparen bien la actividad (eso les dará una mejor visión de la misma) y que tengan la capacidad de guiar (insisto, que no manipular) al grupo para poder avanzar y no estancarnos en un mismo punto. Y repito que como personas participantes en el movimiento, deberíamos aceptar este rol, que no es otro que el definido como Moderador desde los inicios, y no crucificarlo por que nos recuerde a nuestro jefe.

Recogiendo la idea, hay que garantizar la participación, pero también respetar los espacios. No es posible que en un taller (en el que se supone que alguien ha preparado una sesión) las aportaciones de los asistentes ocupen más tiempo que la personas que da el taller.

Recordemos que la participación es básica y necesaria, pero el rigor será lo que nos permita avanzar con paso firme. A las pruebas me remito.

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