"Contar una historia es un acto que revela nuestra pequeñez, porque en él confesamos que necesitamos a otro, que estará ahí o no. [...] La historia que iré recogiendo aquí no es más que una manera de reclarmar, hermanos, vuestra atención hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complacería que os fascinara, para qué ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintáis que tiene algo que ver con vuestra propia aventura." [1]

miércoles, 29 de junio de 2011

Despertar

Asisto estos días ilusionado al despertar de mucha gente hasta ahora apaciblemente dormida. Si hay algo que valoro del movimiento 15-M no son sus propuestas revindicativas, ni sus innovadores métodos de protesta; simplemente es el hecho de haber provocado el despertar de miles y miles de conciencias.

Muchos asisitieron por primera vez a una manifestación; muchos gritaron por primera vez convencidos de lo que decían; muchos sintieron por primera vez que su voz, era la voz de una gran masa; muchos sintieron por primera vez que podían cambiar las cosas.

Sin embargo tengo la sensación de que estas nuevas conciencias acaban de salir por primera vez a un parque de columpios donde ya hay desde hace tiempo niños más mayores. Niños que ya han probado (casi) todos los columpios, niños que conocen (casi) todos los peligros del parque y sobre todo niños a los que ya (casi) nada les soprende.

Y en ocasiones esto ha generado que los niños mayores no presten atención a los más pequeños, o consideren inútil intentar jugar con columpios que ya no funcionan. Existe el riesgo de que los más pequeños pierdan pronto la ilusión si no se les respeta esa capacidad de asombro inicial. Deben probar todos los columpios, tropezar en todos los peligros y seguir buscando el columpio perfecto que sin duda alguna, de la mano de los mayores algún día encontrarán.

Esto es un llamamiento a todos aquellos veteranos de la lucha social, a todos aquellos que han intentado (casi) todo, a todos aquellos que conocen (casi) todos los límites: tened paciencia y aprovechad lo mejor de las nuevas conciencias, la frescura y las ganas de volver a intentar lo imposible. Sólo mezclando la experiencia acumulada en los mayores y la fuerza e ilusión de los más pequeños seremos capaces de cambiar las cosas. No perdamos la ilusión, seguro que todavía hay algun camino nuevo por recorrer; y es posible que ese nos lleve a nuestro destino.

Buen viaje!

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