"Contar una historia es un acto que revela nuestra pequeñez, porque en él confesamos que necesitamos a otro, que estará ahí o no. [...] La historia que iré recogiendo aquí no es más que una manera de reclarmar, hermanos, vuestra atención hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complacería que os fascinara, para qué ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintáis que tiene algo que ver con vuestra propia aventura." [1]

lunes, 12 de septiembre de 2011

24 horas en Mauritania

No llevo ni 24 horas en tierras mauritanas, pero la cabeza ya me hierve de ideas, de imágenes, de pensamientos...

Lo primero que me llamó la atención fue cuando en las televisiones del avión "proyectaron" imágenes en directo de una cámara que está fuera del avión, desde la cual se puede ver el suelo (cuando ya estábamos a escasos minutos de aterrizar). Era desértico... por mucho que te lo cuenten, por mucho que veas fotos, parece mentira que pueda haber tanta arena junta, sin señales de vida. A medida que nos acercábamos a tierra y se empezaban a ver los primeros edificios de la capital, tenía la sensación de introducirme en un documental de la 2. Esa sensación extraña que provoca la novedad del momento habiendo visto millones de veces imágenes por la tele o en los periódicos. Era surrealista.

Uno sale del avión y lo primero que ve es calor. Mucho calor. Más aún si se tiene en cuenta que se sale de un avión con aire acondicionado. Luego ves los trabajadores y los militares. Exactamente igual que en la tele. Concretamente me acordé de la película "El último rey de escocia". Soldados negros (yo al menos no estoy habituado a verlos), uniformes verdes... de película vamos.

En el control de pasaportes primera aventura. Veo que a la persona de delante le preguntan la dirección en Mauritania. Yo sé que tengo un hotel reservado, pero no sé cual es. Y tampoco veo a nadie que haya venido a buscarme. Me dicen que vaya a buscar a la persona que ha venido a buscarme para que me diga el hotel, si no no puedo salir (de hecho se quedan con mi pasaporte). A todo esto las maletas empiezan a salir y se ve cantidad de gente. No encuentro por ningún lado a nadie que me venga a buscar (y empiezo a pensar a dónde voy, cómo cojo un taxi...) . Mi teléfono móvil no encuentra cobertura... Por fin consigo mi mochila de viaje, aunque no tengo pasaporte pienso que al menos la maleta ha llegado.  La policía que me atiende me dice que no me preocupe, que me va a ayudar. Una vez pasa todo el mundo (soy el último pasajero en salir, jeje) consigo llamar por teléfono a Abou (la persona que venía a buscarme) gracias al el móvil de un militar y me dice que está en el aeropuerto pero fuera. Habla con la policía, le dice en qué hotel me quedo y me dejan salir con el pasaporte y todo. Salgo del aeropuerto y por fin les veo. Allí están, esperándome fuera. Primera aventura superada. Tengo una sudada increíble, pero soy consciente de que ya ha pasado, así que la "angustia" pasa rápido.

Nos montamos en el coche, una pick-up blanca. Y millones de imágenes empiezan a desfilar por la ventana. Vestimentas, coches, burros, puestos ambulantes, tiendas... y arena, mucha arena. La carretera es de asfalto, pero los laterales son de tierra. La gente no conduce, simplemente va en coche a dónde quieren ir. Es una locura. Me llama la atención la cantidad de mercedes, ninguno nuevo, pero siguen siendo mayoría. No hay mucha gente por la calle. También me llama la atención el contraste entre edificios que nosotros consideraríamos "pobres" (a nivel de estructura y poco cuidados), con letreros bastante modernos y con productos muy occidentales (trajes, maletas...). Los restaurantes son cómo los kebabs de Bilbao: mismas imágenes, mismo estilo de carteles... Me como un durum (como un kebab pero enrollado) y nos instalamos en el hotel. La habitación está genial.

Otra cosa que sorprende. Mucha gente vendiendo lo que parece tarjetas de recarga de teléfono. Me dicen que en Mauritania se han vuelto hiperdependientes de los móviles, a pesar de que hace unos pocos años nadie tenía. Cada personas tiene por lo menos un móvil, y es habitual tener varios (incluso uno con cada compañía). Me dicen que pueden estar malcomiendo en casa, pero que el teléfono "nunca" falla. Al parecer se ha montado todo un negocio alrededor de las tarjetas de recarga. Las compañías hacen descuentos por compras al por mayor, cosa que aprovechan muchas personas para comprar y revender.

Y poco más. Ahora estoy en la sede de AMAD (la asociación contraparte del proyecto) y mientras ellos hacen no sé muy bien qué, yo escribo. Ya me han advertido que los ritmos son muy diferentes, pero después de Cuba me veo con capacidad para adaptarme.

Supongo que pronto habrá más novedades!

6 comentarios:

  1. gracias primo por escribir!!! es un placer leerte!!! ;)

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  2. soy iker
    no me puedo imaginar todo lo que vas a vivir alli primo, mucho animo y disfruta de la experiencia.
    muxus desde la capi

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  3. Que bien tener noticias tuyas! Que vaya muy bien primo. Un besote desde Canet.

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  4. Hola Pablo,
    Lo q+ me gusta s la redacción, m flipa la capacidad q tienes d retratar la situación, n un segundo ya stamos cntigo n Mauritania.
    Por desgracia y sobre todo olvido, no sigo tu blog, así q te agradezco enormemente q me hayas mandado el link. No entiendo con lo q m gusta leerte como no lo visito con +frecuencia.
    Gracias por estos momentos.

    Despues de Cuba, creo q stas preparado para todo, aunq n Mauritania t sentirás mucho +extranjero.
    ¿Son acogedores/hospitalarios cn ls extanjeros?
    Animo!! (desde la otra capi)
    Estamos contigo.
    JR y Elena

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  5. Peroo, ¿tú no erres d Bilbau? ¿No hay allí un sitio que dicen "Las Arrenas"? ¿y en Ajo? ¿Playa de "La arrena" no está? ¿Casa de aitas allí no tienes Cantabrria? Puesentonses, que todo estaba ya sucediendo o sucedido pa los de Vizcalla capital (txabal).

    Te mando este peazo de abrazo; te superas.

    Jasuncle

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  6. Hola Pableras,

    sin respuesta majo, me dejas sin comentario para hacer, no obstante lo voy a intentar.

    La aventura del pasaporte me estaba dejando helada mientras la leía. Menos mal que pronto ha llegado el desenlace porque el nivel de angustia empezaba a ser insoportable.

    Me das un poco de envidia, aunque sospecho que la cosa no va a ser fácil, pero tú, demostrado está, puedes con eso y con mucho más. Sólo me voy a permitir hacerte una pequeña advertencia, por favor no andes descalzo en la arena. Y por lo que dices ahí hay mucha arena, así que no andes descalzo NUNCA.

    Buscaremos con impaciencia tus nuevas entradas. (Pido disculpas por no haber seguido el blog desde Cuba. Acabo de darme cuenta de que lo seguías menteniendo.)

    Un beso muy fuerte de la compañera de piso de Jasuncle.

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